“LA PREVIA” Y SUS DERIVACIONES FILOSÓFICAS

“Si, yo prefiero que se junten acá, si total lo van a hacer en cualquier lado. Acá los tengo ‘controlados’. La calle está llena de peligros. ¿Quién no tomó una copa de más en un baile?”.

Se trata de una serie bien consistente de ideas que surgen de los padres para explicar una costumbre que se ha naturalizado entre los jóvenes argentinos: juntarse previo a la asistencia a un baile con el fin de ingerir bebidas alcohólicas con el objetivo deseado de conseguir cierto nivel de alcohol etílico en sangre que le posibilite ir al evento y tener una actitud alegre, desenfadada y desinhibida.

Sin embargo hay varias premisas (implícitas, nunca explicitadas) que debemos desafiar:

  1. Si “está de moda” entre los chicos los padres no podemos hacer nada. Grave error. Si dejamos que las modas sean las que definan la cosmovisión de nuestros hijos, si no tenemos lugar para establecer un lugar crítico, si nos gana el miedo a que nuestros hijos “no encajen”, entonces estaremos ante un problema: las modas no están hechas para la promoción del ser humano sino para su destrucción. Si dejamos que los medios masivos, la propaganda y los videojuegos definan el perfil psicológico de nuestros hijos estaremos aceptando acríticamente la transformación de nuestros hijos en personas carentes de valores y empatía, inseguros y dependientes del consumo. En muchas familias existe un terror a parecer autoritarios y “mala onda”. El modelo “verticalista” de familia ha dejado lugar al modelo “horizontalista” donde los padres ganan amigos entre sus hijos pero los hijos pierden padres.
  2. El alcohol es inofensivo para los jóvenes. La ingesta de alcohol en cantidades importantes, con el agregado del consumo de bebidas blancas, daña el aparato digestivo y la conformación de la arquitectura cerebral, si solo nos referimos a los daños físicos. La “previa” tan mentada deja espacio para que después venga la menos promocionada “post”: la noche en la sala de guardia de un hospital en coma alcohólico, el peligro de la aspiración del vómito, las dudas entre la complicidad y la responsabilidad frente a un cuadro de intoxicación alcohólica que se escapa de las manos del grupo de amigos.
  3. El control parental hace de “la previa” una costumbre inocua. El único efecto que tiene que una familia abra sus puertas a un grupo de adolescentes para que realicen una contundente ingesta alcohólica grupal es abalar la conducta. Por lo tanto, lo que “controlan” los padres es solo la primera dosis. La ilusión del control es absurda pero efectiva: los padres creen que lo único que consumen los jóvenes es en el lapso en que los “tienen controlados” es la única de la noche. Lo que hacen los padres entonces es dar un paso a la naturalización (y por lo tanto la promoción) de la ingesta alcohólica.
  4. La ingesta de alcohol es una estrategia de afrontamiento positiva. El baile tal como está instituido es un lugar muy triste, si fuera alegre no haría falta tantas drogas ni alcohol. Música que lastima los tímpanos acompaña una danza donde cada uno, cada una tiene que sacar a relucir de manera más efectiva su ego. En las chicas, la ropa de marca bien cara debe enfundar un cuerpo de determinadas características antropométricas que son las que venden las revistas de moda. Según investigaciones, en un desfile de modelos, de cada tres chicas una tiene una patología alimentaria activa. Los chicos tienen que ser desinhibidos. El alcohol y las drogas ofrecen la respuesta inmediata. Cierto. Pero hay dos elementos que hay que considerar. La desinhibición que se consigue bajo efectos del alcohol no es producto de un logro de las habilidades sociales sino producto de la intoxicación etílica. Mejor aprender las habilidades de afrontamiento necesarias para vincularse con la persona deseada aprendiendo a manejar la ansiedad. El otro elemento es que quienes mediante el consumo de alcohol pretendían ser “las estrellas de la noche” muchas veces terminan siendo pesados, cargosos, desubicados, abusivos y finalmente agresivos.

Superar las inhibiciones requiere práctica, autoafirmación, apoyo, práctica. Hablar con los hijos, poder contar las propias experiencias, poder entender lo que les sucede cuando tienen que ir a un baile y cómo afrontarlo puede ser muy benéfico. Un “me gustó hablar con vos” de parte de un hijo puede ser un premio valioso para esta iniciativa.

Lic. Sergio Raúl Landini
Psicólogo
M.N. 16.996
Director del Programa Psicológico Asistencial
Valorarte Asociación Civil

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